me quedé dormido sobre el tejado,
la selva no es más que torres de ladrillos y cemento,
cuelga en el tendedero mi playera de figuras y colores
y la sombra de Harold Lloyd vino a quitarme
.......el amuleto.
Me he cansado de jugar al aeroplano,
apresar el sol con el pulgar y el índice,
arguyendo poseer la pinza de Engels.
De la cabeza de una niña dormitando,
ayer vi un a un alguien asaltar un moño rojo,
para adornar el crin de un caballo pura sangre;
me quedé callado y lo robé también.
Una gota ha caído en mi mejilla
revelándome el chubasco.
El granizo se inclina ante el verano,
digo adiós a los amigos de la cuadra,
doy un último beso a mis anhelos
y cierro la puerta del tejado.